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La Coctelera

El Blog de Jesús Soto de Paula

Blog sobre los escritos tauroflamencos de Jesús Soto de Paula, escritor jerezano amante de lo verdadero y auténtico

18 Abril 2012

A la Peña Tío José de Paula

Peña TIO JOSE DE PAULA

Templo y tálamo del saber, templado silencio Maestrante

Crisol de naturales, fragua del cante.

Emanan los ecos por seguiriyas,

Negra su sangre por soleares.

Álcese Tío José su nombre al mundo,

Y de Paula la torería deslumbrante.

Óiganse las calladas campanas Santiagueras,

La Bronce tez de sus mujeres y su idiosincrasia reinante.

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16 Marzo 2012

Padilla: Crónica de una sola frase

Resulta triste y casi una broma macabra, que un torero se haya tenido que quedar medio ciego para así hacer ver a medio mundo su quehacer, ese que antes ignoraban y criticaban y hoy ellos mismos alaban... porque ni antes ni ahora supieron ni saben ver.
Tags: padilla

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21 Enero 2012

Nietzsche, La Razón Todopoderosa

La razón, de hecho, siempre es poderosa por ser sencillamente única y solitaria, al contrario que la contradicción, que como la mentira, están siempre acompañadas o mal acompañadas. Sin embargo, dentro de la razón podemos distinguir la forma de encontrarla o adivinarla. La razón de Frederick Nietzsche es una forma única por singular de adivinar la razón de la vida y su mundo lleno de espinas y caos. Y no es que este filósofo alemán tenga más razón que otros como Kant, Schopenhauer o Goethe, pero sí que la suya alcanza tal grado de poder expresivo que nos pareciese que él es el único ser de la tierra en posesión de la verdad y sus escabrosos entresijos.

Para leer a Nietzsche uno debe ser libre y adicto al martirio placentero; se precisa una fuerte dosis de serena complicidad con este diablo de pluma martilleante y tinta envenenada para salir sano de la enfermedad de algunos de sus libros. Todos podemos entrar pero nunca se sabe como saldremos de sus escritos, y lo que es peor aún, si saldremos sanos de esta mente enfermizamente grandiosa. No por encontrar contradicción contra contradicción, sino por encontrar razón contra la propia razón, o lo que es lo mismo...ser adicto a ella y no morir en el intento.

La afilada sutileza a veces sencilla y natural se enrosca cual víbora con la abrumadora bestialidad de su egocentrismo, un ego nunca humilde pero siempre en posesión de la certeza final. Su odio a Wagner no deja de ser una irónica burla a lo que se sale de su propio gusto que a veces resulta hasta infantil ¿No sería este filósofo una reencarnación de un ángel expulsado del edén y por ello se convirtió en la pluma del demonio?

Pero más allá, diré que en este escritor se encuentra al final del todo, el extremo en su gran magnitud y el inicio de un infinito solo al alcance de unos pocos privilegiados. Creer en Nietzsche es como creer en Dios sin necesidad de fe... un hombre, un solo hombre encerrado en su mundo y sus arcanos a veces temblorosos. Un hombre sin miedo, cuyo propósito en vida solo fue ser un superhombre, y quizás esa propia genialidad le llevó a no ser nunca un ser feliz. Y es que el genio siempre está castigado por su propio genio.

Jesús Soto de Paula

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22 Noviembre 2011

Entrevista a Jesús Soto de Paula en ABC de Sevilla

<<El arte es un gran castigador, una condena para el torero>>

«Entre clamores y espantás. El soplo del toreo». Título tan sugestivo sólo puede salir de la pluma de alguien que conoce los entresijos del mundo de los toros y es capaz de plasmarlos en la escritura. Y eso le ocurre a Jesús Soto de Paula, quien se adentra en su tercera obra en los misterios que rodean a genios del toreo, entre ellos su padre, Rafael de Paula.

Editado por AE Editorial, la obra se presenta esta tarde, a partir de las 19.30 horas, en la Peña Tío José de Paula, en la calle Merced, 11, en el barrio de Santiago, donde vio la luz su progenitor. Y arroparán al escritor Rafael de Paula, Curro Romero y Pepe Luiz Vázquez Silva, entre otros. Cartel para hacer crujir los cimientos del arte.

«El libro se ha ido cociendo a fuego lento —señala Jesús Soto de Paula—, porque siempre ha estado en mi mente. Me acuerdo de tardes paseando con mi padre por la playa de la Jara, en Sanlúcar de Barrameda, andando y sin hablar. O junto a la chimenea de casa con él y mis hermanos. Y de nuevo el silencio; horas y horas callados contemplando el fuego. Así me he enfrentado a este libro, que tiene muchos momentos sublimes y bellos, pero también de mucha agonía, de sufrimiento».

La obra la define el autor como «un abanico de toreros» en la que aparecen, siempre bajo el prisma de la reflexión personal, Belmonte y Joselito y esa rivalidad que «la sociedad española creó, porque yo no creo que Juan se sintiese rival de José»; Joaquín Rodríguez «Cagancho», que compartió anécdotas con su padre; Rafael Gómez «El Gallo», un «sócrates del toreo»; Pepe Luiz Vázquez y una carta que le escribió a raíz de una fotografía toreando de capote que luego, en sueños, «se volvió viva y lo vi torear»; el decir y hacer de Curro Romero... y así hasta llegar a José Tomás. Porque el libro habla de toreros que, por encima de todo, tienen «ese misterio que decir».

Y ahí está, por supuesto, su padre. «Lo defino a través de lo indescriptible. Porque no se puede definir. Él es el propio misterio y el propio duende». Es por ello que ahonda «en el arte como condena. Porque el arte también tiene su lado oscuro. El arte es un gran castigador. El arte no es nada hasta que uno lo crea, y el creador, que le ha dado tanto al arte, luego ve cómo el arte lo castiga. Sencillamente porque el torero que crea arte nunca está satisfecho del todo».

Habla de su padre y de «sus ángeles y demonios. Cuando el ángel no le baja, se lo llevan los demonios». Pero, al final, Paula y todos los que aparecen son «toreros con soplo. Porque tras una corrida, una temporada, incluso años, lo que queda es el arte de los que lo supieron crear: ese soplo del toreo entre clamores y espantás».

Entrevista realizada por Fernando Carrasco para ABC Sevilla el 4 de noviembre de 2011

http://www.abcdesevilla.es/20111104/cultura/sevp-arte-gran-castigador-condena-20111104.html

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9 Septiembre 2011

Cuando canto a gusto... la boca me sabe a sangre

  

 "Cuando canto a gusto... la boca me sabe a sangre"  ... Nos dejó sentenciosamente dicho la gran Tía Anica la "Piriñaca", y no hay ni habrá mayor y más justa sentencia para descifrarnos el arte flamenco y el cante gitano. Ni el mayor filósofo ni el más lúcido literato podrían llegar a eso que expresó La Piriñaca, y no por falta de "saber", sino por falta de "ser". Cuando canto a gusto la boca me sabe a sangre... y se abre un capote de vueltas azules y cuerpo desmayado de sombra azabache no para explicarnos su misterio, sino para ser el misterio en sus mismas entrañas, o lo que es lo mismo, el misterio dentro de su mismo misterio.

   Así ha toreado Rafael Soto Moreno, ni con más misterio, ni con más duende que nadie, sino más allá, siendo el mismísimo misterio y el mismísimo duende, algo que muchos anhelan rozar siquiera y nadie salvo él ha logrado en la historia. Dueño de ese "saber ser", que ni explica, ni matiza, porque ni quiere ni sabe... sencillamente lo es, y lo es por naturaleza misma. Cultura simpar de una raza de tormentos con el don divino de transformar las fatigas en bellezas incomparables, y así le baja la mano en unos naturales de frente de viejo bronce y se ciñe en su cintura lo más primitivo y lo más milenario del ser humano... el arte. Aquello de lo que todos hablan y casi nadie sabe, porque incluso Jerez se va a morir sin saber del sentimiento que nos ha dejado el sueño del toreo, eterna catarsis con el capote e inmortalmente herido con la muleta... ser Rafael de Paula, que cuando ha toreado a gusto, lo ha hecho con las fatiguitas de la muerte...

 

Vestido de corinto con lágrimas bordadas de azabache,

entre ángeles y demonios sedientos de sed,

brotan cataratas de aguas celestiales

cuando torea y no mata el gitano de Jerez.

Flor silvestre sámara es tu capote

que abanica un aire que se hace azote.

Cruzas resignado el umbral de un destino

de flores que nacieron y morirán contigo.

Cuando arrojaste dolido tu añadido

no sólo vi caer tu toreo sentío...

me vi caer contigo

Jesús Soto de Paula, poesía del libro "De Negro y Azabache: Rafael de Paula"

 

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6 Julio 2011

En Mi Muerte Vivo

  

 Cuando desperté sólo notaba el peso de mis párpados sobre mis cansados ojos. Tuve que acercar mi mano temblorosa, que palpaba mi rostro como descubriendo nuevos horizontes, hasta llegar a la punta de mi nariz, la cual me sirvió de brújula en mi particular mar de dudas. Logré que mis dedos levantasen mis pesados párpados y noté el escozor en el iris de mis ojos como si hubiese llevado dormido semanas continuadas. El frescor del ambiente y el olor a agua salada me ayudaron a espabilar los sentidos y, como pude, incorporé mi agotado cuerpo para observar el lugar. Vi entonces cómo mi cuerpo yacía desnudo, despojado de ropas, entregado al capricho de unas olas espumosas que arañaban la grisácea tierra mojada de la orilla de una playa que, a buen seguro, desconocía. La arena era áspera y afilada,  como escamas de pescado, la cual me arañaba insaciablemente mi piel. El miedo a lo desconocido me afligía los sentidos, y un mar denso como el horizonte que mis ojos atisbaban, no hacía más que ahogarme en mil preguntas que no atendían a respuestas razonables. Procuré calmarme, y respiré hondo aquella brisa salada. Mis pulmones exhalaron y se llenaron de un frío esperanzador que me hacía sentir vivo, pero mi voz trémula no conseguía articular palabras con cierta lógica. Mi mente era, pienso, el único elemento de mi cuerpo que parecía estar hábil y en condiciones óptimas, pues incluso mis piernas obedecían con una lentitud y rigidez nunca antes soportada. Era como si fuese presa de una vejez prematura.

    Pude, no sin gran esfuerzo, enjaretar un paso tras otro, como aquel niño que consigue por primera vez andar, y parece lograr una proeza nunca antes vista. Pero al que hizo nueve, caía arrodillado, sucumbiendo a un cansancio atroz que me llenó de desesperanza. Con las rodillas en la arena me vi frente al mar, y casi sin quererlo, más por desesperanza que por fe propia, me dispuse a rezar aquellas oraciones olvidadas que de pequeño me enseñaron. Pero mi voz sólo articulaba sonidos babeantes sin sentido, así que una lágrima de aflicción corrió por mi mejilla cual río que se abre paso sobre el desierto. Estaba sólo; nadie me escuchaba, pensé. Mi única esperanza era creer que todo este caos obedecería a una infernal pesadilla y que en cualquier momento despertaría de este enfermizo calvario. Fue entonces, transido en podridos pensamientos, cuando escuché una enigmática voz como bañada por cánticos divinos. Miré y miré, pero no acertaba a ver su procedencia. "Será una pesadilla, debe de ser una pesadilla", me obligaba a creer testarudamente. El frío cada vez era más evidente, y el color morado suave del cielo comenzaba a tornarse en nazareno bañado en sangre. La noche asediaba mi mente. No sabía por qué, pero temía con miedo que llegara ese momento en el que el sol se perdiera ahogado en el horizonte marino. Buscaba pistas, señales, razones... Pero nada me era familiar, sólo esa voz lejana que a veces traía el viento y cada vez se apreciaba con más claridad. De pronto, una sombra oscura se irguió ante mis ojos abriéndose entre las aguas. Procuré, como podía, mostrar serenidad. Pero el miedo, creo, era más que evidente en mi rostro. Aquella sombra me era curiosamente familiar, tanto por su silueta como por la forma de moverse. Se acercó a mí, y quise hablarle para pedirle ayuda. Pero no podía hablar; mi lengua parecía seca y encarcelada en una rigidez sofocante. Así que me puse a llorar como un niño, más por vergüenza de verme allí postrado ante un desconocido que por la propia situación de por sí sola extraña e inaudita. "No temas, mi hermano, deja que tu cuerpo muera en tu vida, y ven a vivir en mí tu pronta muerte... Entonces tu sufrir se habrá acabado".

    No sé cómo ni por qué, pero aquellas palabras y su entonación, como digo, familiar, me parecieron la salvación más sabia que en aquel desconcertante momento alguien me podía aplicar. Sólo supe mirarle y con pequeños gestos que se movían entre la resignación y la clemencia, aquella sombra supo leer en mis ojos y me los cerró con gran delicadeza. Cuando los abrí, para mi sorpresa, yo era esa sombra que vagaba ágil y flotante. Y ya no era aquel cuerpo cansado, derrotado y hasta tristemente moribundo que ahora descansaba entonando sus últimos hálitos de respiración en la salada orilla. Sentí una terrible pena al apreciarme allí tirado, como un animal desdichado, que quizás se encontró en el momento inadecuado en el lugar inadecuado. Me veía presa del capricho de las olas y yo, en mi nuevo cuerpo salvado, me sentí traicionado por mi espíritu, pues me abandoné a mi suerte. Sentí que me mudé de mi cuerpo para entrar en otro que, curiosamente, seguía siendo el mío, como las serpientes que mudan la vieja piel para lucirla nueva. Entendí que había muerto, y que ahora era mi sombra viva; alma soñadora despojada de mis carnes y de mis huesos. Había muerto para vivir en mi alma misma.

Jesús Soto de Paula

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27 Mayo 2011

Acampados del 15 de Mayo en Barcelona

 

    Vosotros, políticos de casa, hacéis cargar a los Mossos contra una acampada pacífica. Cargáis contra la democracia, cargáis contra la libertad, cargáis contra la razón del ser humano, cargáis contra el derecho, cargáis para atentar contra la paz. Y vosotros, Mossos... pobres diablillos movidos como títeres con palos de acero por los hilos del demonio, cargáis contra lo que anheláis para vuestros propios hijos. Cargáis y os golpeáis a vosotros mismos. Sembráis la simiente de la corrupción.

Jesús Soto de Paula

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20 Mayo 2011

Manzanares, El Hijo Que Dejó De Serlo

 

    Nunca entendí el porqué alzar la voz para defender al toreo, precisamente porque siempre he estado convencido de que al toreo lo defiende mejor que nadie el propio toreo. Ese rito romántico, místico e incluso a veces hasta quijotesco, en el cual la audacia de un hombre se enfrenta con honor y valentía a la fuerza primitiva de un animal bravo, está por encima de cualquier manifestación tanto política como cultural. Es por ello que el toreo es un arte universal; inclusive, sería justo decir que por ser un constante cruce entre razón y muerte, el toreo pasa a ser por su trágico dramatismo el arte entre las artes; no una estrella ni un planeta, sino el universo mismo. Claro, que ese universo ha sido creado por unos cometas que han sido claves no sólo para crear unas normas llamadas clásicas, sino más allá, evolucionar a partir de ellas, creando un rico hontanar de aguas cristalinas de donde próximas generaciones han de beber. Son ellos, los toreros clásicos, esos que son naturaleza misma: Belmonte y Gallito, Manolete después y hasta llegar a Ordóñez, Bienvenida y Paula; quienes a través de sus esotéricas personalidades han sublimado este universo de la tauromaquia. Pero incluso, con la importancia de los citados, el toreo está por encima de ellos, pues el toreo como expresión no pertenece a nadie en concreto, ni es esclavo de unos nombres, ni siquiera es fiel a una época concreta, pues el toreo es, en esencia, libertad.

    Aparece sólo cuando quiere, no obedece a banales súplicas; no basta con el toro ni basta con el torero... se precisa concepto y espíritu. Algo así como lograr que el ángel y el demonio vuelen al unísono sin quemarse entre perdones y pecados. No, no ocurre mucho... ni poco, más bien ocurre cuando debe ocurrir. Así ocurrió esta pasada feria de Sevilla de la mano de un hijo que ha dejado de serlo de su padre. Y no lo digo, claro está, por lazos sanguíneos, pues esos son perennes, sino como revelación artística en la cual el hijo de un gran padre un día deja de serlo para sólo ser él mismo. Alcanzó pues, ese hijo que dejó de serlo, la cúspide de sus propios sueños de niño, para ser la realidad del hombre. Le bajó en su faena de muleta su espíritu santo, besado por los aires rondeños; quizás ese mismo espíritu, que aunque siempre le perteneció, ni él mismo sabía que poseía. Le bajó como regalo del destino y como mirada placentera de su ángel, pues logró y cuajó con la franela ese trance espiritual casi, en el que el torero olvida su cuerpo para conseguir abandonarse de sí mismo. Y lo logró, claro está, gracias a él mismo y a ese colaborador fundamental que fue el toro. Pero no cualquier toro, sino su toro, ése que el destino le deparaba ya cuando la vaca madre fue escogida para procrear en un tentadero al alba en la dehesa. Un toro noble, con clase, boyante y, sobre todo, bravo. Cierto es que no fue tan completo en el caballo, pero también es cierto que no existe la faena perfecta, y que lo importante es transmitir y tener sensibilidad para cazar al sentimiento en el mismísimo instante en el que ocurre.

    El toreo ha pasado por esta última década como su etapa más vulgar y decadente. Y son hazañas como ésta y como la ocurrida tanto en Jerez como hace unos días en Madrid, de las que precisa como agua de mayo. Se puso el toreo en su sitio, y en la plaza más ideal del mundo como es el marco de Sevilla. Y cierto es que podemos matizar sobre los méritos de Manzanares, que no me gusta nada con el capote, e incluso muchas veces le cuesta la misma vida despojarse de ese eléctrico amaneramiento de la que tantas veces hace gala. Y que no me gustan esos pases de pecho circulares que terminan en la solapa contraria tan forzados y faltos de naturalidad, pues el pase de pecho, como mandan los cánones, siempre fue de pitón a rabo, trazando la línea recta de la verdad, es decir, embebiendo con la panza de la muleta y barriendo los lomos del toro por los adentros, como los daba Pepe Luis. Pero esto último que matizo en estas líneas, quedó casi eclipsado durante los pasajes de muleta, pues Manzanares templó a un toro de por sí templado, y me hizo recordar aquello de lo que hablé sobre el torear despacio en el libro "De Negro y Azabache": "no se puede torear con temple si el toro no posee en sus entrañas ese temple".

Jesús Soto de Paula

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Jesús Soto de Paula no es nada amigo de estas vías comunicativas, pero ante las ideas que le hemos formulado amigos cercanos, sí ha visto positivo abrir esta pequeña ventana a la jungla de internet. Serán muchos y variados los aspectos de los que aquí se escriba. Pero ante todo, serán sombras de su pensamiento, siempre fieles al sentimiento. Comenzó a escribir casi sin pensarlo y sin conocimiento de causa, y ahora acaba de publicar su tercer libro ("Entre Clamores y Espantás: El Soplo del Toreo"), entre otros proyectos y colaboraciones con periódicos de Jerez. Jesús Soto de Paula afirma que es una necesidad interior o espiritual la que le empuja a escribir, sin la cual hoy casi no concebiría su estado de vida. Es por ello que, mediante este blog, se expondrá de vez en cuando artículos, fotografías, vídeos que forman parte de su manera de entender la vida, y que sin ella, sencillamente, sería otra cosa.

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