Santiago Prendido A Ti
Ese beso de Judas, cual dedo enjuiciador, te delataba bajo ese tropel de palos y espadas romanas. ¡Jesús del Prendimiento, ya te sabías prendido antes de prenderte! ¡Atado a tus manos nos vemos ese vergel de caras morenas aceitunadas! A ti, Prendimiento, te busco, a tus manos atadas por esos crueles Candilejas y Chupaceites me encomiendo, para liberarme una vez más en el juicio de mi vida. Déjame, Prendimiento, perderme por prenderme en ti, para liberar esa cruz mía y rozar la roja sangre que son ríos de sarmientos en tus manos; pues no es condena, sino liberación, lo que tu mirada derrocha. Por ello mi amor se enamora que por siempre enamorado anduvo entre las espinas de tus rosas. Si hasta el demonio que en mí vaga se estremece ante tu belleza.
Yo creo en ti, Prendimiento, no como fe que la Iglesia impone, sino como puente a esa liberada fe por mí creada, según mis ideas y semejanzas. Eres esa talla soñada por aquellos faraones, ese sufrimiento tornado en gozo para todos, ese son y ese compás que emana de tu barrio de Santiago; pues llevas, Prendimiento, en tus entretelas bordadas, toda la esencia faraónica del barrio más castizo de Jerez. ¿Pues qué es tu paseo por el pueblo de Jerez, sino el derroche de la cultura santiaguera? Llevas en tus muñecas partías ese mismo escalofrío que sienten las muñecas de nuestro Rafael de Paula. Llevas calladamente en tu gitana garganta ese eco indomable de nuestro Fernando Terremoto, y llevas a Sordera, y llevas a Luis de la Pica, y llevas ese son genuino de la guitarra de Moraíto... Van todos atados a ti para liberar su compás gitano en el aire de este Jerez del todo y de la nada. Es como una gota milagrosa que durante unas pocas horas se produce cada Miércoles Santo, para después callar, silenciosa y escondidamente en ese asilo de San José, sombra de tu morada cerrada y oscura, como es esa preciosa Iglesia de Santiago, privada de ser abierta por el abandono y la parsimonia tediosa de la cultura política.
Yo te sueño, Prendimiento, como a buen seguro a ti te gustaría verte, con túnica blanca sin bordados ni oros, y sin potencias de plata... pues así eras tú, y no como el hombre te quiere ver. Yo te imagino, Prendimiento, como a ese judío humilde y sencillo, alejado de las farándulas folclóricas que nuestra fiesta impone. Yo te imagino, Prendimiento, sin más música que la del callado yunque del martirio que mi corazón siente al verte. Por eso, Prendimiento, yo te veo de otra manera, que no sé si es la acertada, pero sí sé que es mi manera de verte y quererte y de enamorarme de tu perfil de hombre como me enamoro de la mirada de mi gitana, que no es otra mirada que la mía misma besada en sus ojos negros.
Jesús Soto de Paula
