Entrevista a Jesús Soto de Paula en ABC de Sevilla
<<El arte es un gran castigador, una condena para el torero>>
«Entre clamores y espantás. El soplo del toreo». Título tan sugestivo sólo puede salir de la pluma de alguien que conoce los entresijos del mundo de los toros y es capaz de plasmarlos en la escritura. Y eso le ocurre a Jesús Soto de Paula, quien se adentra en su tercera obra en los misterios que rodean a genios del toreo, entre ellos su padre, Rafael de Paula.
Editado por AE Editorial, la obra se presenta esta tarde, a partir de las 19.30 horas, en la Peña Tío José de Paula, en la calle Merced, 11, en el barrio de Santiago, donde vio la luz su progenitor. Y arroparán al escritor Rafael de Paula, Curro Romero y Pepe Luiz Vázquez Silva, entre otros. Cartel para hacer crujir los cimientos del arte.
«El libro se ha ido cociendo a fuego lento —señala Jesús Soto de Paula—, porque siempre ha estado en mi mente. Me acuerdo de tardes paseando con mi padre por la playa de la Jara, en Sanlúcar de Barrameda, andando y sin hablar. O junto a la chimenea de casa con él y mis hermanos. Y de nuevo el silencio; horas y horas callados contemplando el fuego. Así me he enfrentado a este libro, que tiene muchos momentos sublimes y bellos, pero también de mucha agonía, de sufrimiento».
La obra la define el autor como «un abanico de toreros» en la que aparecen, siempre bajo el prisma de la reflexión personal, Belmonte y Joselito y esa rivalidad que «la sociedad española creó, porque yo no creo que Juan se sintiese rival de José»; Joaquín Rodríguez «Cagancho», que compartió anécdotas con su padre; Rafael Gómez «El Gallo», un «sócrates del toreo»; Pepe Luiz Vázquez y una carta que le escribió a raíz de una fotografía toreando de capote que luego, en sueños, «se volvió viva y lo vi torear»; el decir y hacer de Curro Romero... y así hasta llegar a José Tomás. Porque el libro habla de toreros que, por encima de todo, tienen «ese misterio que decir».
Y ahí está, por supuesto, su padre. «Lo defino a través de lo indescriptible. Porque no se puede definir. Él es el propio misterio y el propio duende». Es por ello que ahonda «en el arte como condena. Porque el arte también tiene su lado oscuro. El arte es un gran castigador. El arte no es nada hasta que uno lo crea, y el creador, que le ha dado tanto al arte, luego ve cómo el arte lo castiga. Sencillamente porque el torero que crea arte nunca está satisfecho del todo».
Habla de su padre y de «sus ángeles y demonios. Cuando el ángel no le baja, se lo llevan los demonios». Pero, al final, Paula y todos los que aparecen son «toreros con soplo. Porque tras una corrida, una temporada, incluso años, lo que queda es el arte de los que lo supieron crear: ese soplo del toreo entre clamores y espantás».
Entrevista realizada por Fernando Carrasco para ABC Sevilla el 4 de noviembre de 2011
http://www.abcdesevilla.es/20111104/cultura/sevp-arte-gran-castigador-condena-20111104.html
