Nietzsche, La Razón Todopoderosa
La razón, de hecho, siempre es poderosa por ser sencillamente única y solitaria, al contrario que la contradicción, que como la mentira, están siempre acompañadas o mal acompañadas. Sin embargo, dentro de la razón podemos distinguir la forma de encontrarla o adivinarla. La razón de Frederick Nietzsche es una forma única por singular de adivinar la razón de la vida y su mundo lleno de espinas y caos. Y no es que este filósofo alemán tenga más razón que otros como Kant, Schopenhauer o Goethe, pero sí que la suya alcanza tal grado de poder expresivo que nos pareciese que él es el único ser de la tierra en posesión de la verdad y sus escabrosos entresijos.
Para leer a Nietzsche uno debe ser libre y adicto al martirio placentero; se precisa una fuerte dosis de serena complicidad con este diablo de pluma martilleante y tinta envenenada para salir sano de la enfermedad de algunos de sus libros. Todos podemos entrar pero nunca se sabe como saldremos de sus escritos, y lo que es peor aún, si saldremos sanos de esta mente enfermizamente grandiosa. No por encontrar contradicción contra contradicción, sino por encontrar razón contra la propia razón, o lo que es lo mismo...ser adicto a ella y no morir en el intento.
La afilada sutileza a veces sencilla y natural se enrosca cual víbora con la abrumadora bestialidad de su egocentrismo, un ego nunca humilde pero siempre en posesión de la certeza final. Su odio a Wagner no deja de ser una irónica burla a lo que se sale de su propio gusto que a veces resulta hasta infantil ¿No sería este filósofo una reencarnación de un ángel expulsado del edén y por ello se convirtió en la pluma del demonio?
Pero más allá, diré que en este escritor se encuentra al final del todo, el extremo en su gran magnitud y el inicio de un infinito solo al alcance de unos pocos privilegiados. Creer en Nietzsche es como creer en Dios sin necesidad de fe... un hombre, un solo hombre encerrado en su mundo y sus arcanos a veces temblorosos. Un hombre sin miedo, cuyo propósito en vida solo fue ser un superhombre, y quizás esa propia genialidad le llevó a no ser nunca un ser feliz. Y es que el genio siempre está castigado por su propio genio.
Jesús Soto de Paula
